Escritos seleccionados

“Ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13) “Todo, muy amados, para vuestra edificación” (2 Corintios 12:19)

Escritos seleccionados 24 de Octubre de 2020

LA NECESIDAD DE UN SERVICIO RESTAURADOR

Todos los hijos de Dios, sentimos el deseo de servir a nuestro Señor, y muchas veces nos sentimos desalentados al no poder hacerlo en el área que nos gustaría; área que generalmente es la que vemos servir a otros, en ministerios públicos y visibles, como los es el ministerio de la Palabra. Sin embargo, sabemos, que en su perfección, si bien el Señor no les da a todos los mismos dones,  concede a todos sus hijos servirle conforme a su sabiduría. Por ese motivo, hay servicios preciosos, necesarios entre santos que somos llamados a realizar que son altamente necesarios y que quizás no son los más anhelados, porque  son aquellos que se llevan a cabo en total humildad  y a veces prácticamente en el anonimato.

Hay varios de estos servicios que podríamos considerar. En esta ocasión recordaremos a tres de ellos, con el deseo que estas líneas humildes muevan nuestro corazón a “la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:3)

RESTAURADORES DE GRIETAS, REPARADORES DE PORTILLOS.

La Biblia menciona, a personas que hicieron un gran servicio en Jerusalén, quienes por amor al Señor y hacia sus hermanos, trabajaron según el pensamiento de Dios, y   fueron llamados “restauradores de brechas, reparadores de portillos”.  (Isaías 58:12) El joven Joas, rey de Judá, fue uno de ellos. De niño se crió en las cámaras contiguas de la Casa de Dios, y cuando estuvo en su sitio de responsabilidad, conocedor de las grietas en la casa de Dios, con toda solicitud mandó que las repararan (2 Reyes 12) Dándoles a estas expresiones un significado espiritual, podemos decir que aquellos que desde jovencitos concurren a las reuniones, o los creyentes que llevan años caminando con Cristo, han descubierto y visto con dolor, grietas entre los hermanos , y brechas y portillos (huecos en el muro) que hacen que se corran grandes peligros, y que el enemigo gane ventajas. Esas grietas son las que vemos entre nosotros como: falta de comunión entre los hermanos, individualismo, críticas,  camarillas, disconformidades… Como así también los portillos nos hablan de la mundanería, falta de celo y de compromiso, falta de visión… Trabajar para solucionar estas cosas, es algo hermoso ante los ojos de Dios. Todos podemos hacerlo en alguna medida, sin embargo, siempre se nota el faltante de obreros en estas áreas. Una de las razones de la falta de reparadores de grietas y de  portillos, es la falta de celo por la casa de Dios, lo cual hace que cada uno se ocupe solamente de lo personal.

Muchas veces, los hermanos dotados de dones reconocidos; en su lugar de reunión, o visitando otras congregaciones, están muy pendientes del éxito de su ministerio, y a pesar de ver aquellas grietas en la Casa de Dios, no dicen nada, para no quedar mal con nadie. Lógicamente, siempre por medio de la Palabra aportan para la edificación espiritual de los santos, pero, sin tomar el compromiso de tratar aquellos temas tan necesarios para evitar que todo se deteriore. Con esto, no queremos decir que se necesitan hermanos que salgan como veedores con un ojo crítico a corregir errores por todos lados. Esto no es a lo que somos llamados y por ende no es conveniente. Sabemos bien que el acusador de los hermanos es Satanás (Apocalipsis 12:10) y que quienes solo se dedican a criticar y acusar, le facilitan su obra. Nos referimos a la necesidad de personas que el Señor levante, para que llenos de su sentir, y con toda humildad y amor, hagan aquellas tareas de reparación, allí donde el Señor se lo permita. No pensando en lo suyo propio (El éxito de su ministerio, seguir recibiendo invitaciones, ayuda, ofrendas etc.) sino en lo que es de Cristo Jesús y para la gloria de Dios.

Estas tareas requieren amor y dependencia al Señor. Se llevan a cabo la mayoría de las veces en el anonimato, con mucha oración para poder hacerlo con discernimiento espiritual y con humildad, reconociendo que aunque el Señor nos utilice para repararlas, no somos mejores que los demás.

Muchas veces pensamos que es imposible reparar esas grietas, porque sabemos que hay males evidentes de toda una vida, a los cuales los creyentes estamos acostumbrados. Sin embargo, el Señor sigue llamando a restauradores de grietas, quienes  abundando en amor y en paz, velen por Sus intereses  y reparen aquello que desune lo que Dios juntó. Por eso se nos dice: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14) “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3)

¿CÓMO REPARAR LAS GRIETAS?

Cuando los que temen al Señor, hablan cada uno a su compañero, el Señor oye y responde (Malaquías 3:16) Esto nos alienta a mantener una comunicación sana con los hermanos, viéndolos para escucharlos, para orar juntos,  y para  compartir la Palabra de Dios con ellos. No formando bandos ni partidos, ni evitando dar opiniones que comprometan, sino hablando “la verdad en amor” (Efesios 4:15)  “considerándonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24) Animándonos unos a otros y edificándonos (1 Tesalonicenses 5:11)

Las grietas en la Casa de Dios deben ser reparadas verdaderamente, y para eso, se necesita reconocerlas en humillación, y repararlas en el temor del Señor y según su pensamiento, no como a nosotros nos parezca más acertado.  El libro de Ezequiel menciona a aquellos que se decían edificadores, los cuales hablaban cosas lindas para alentar, profetizando paz, cuando no había paz. A los cuales el Señor les dijo: “Y uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto, di a los recubridores con lodo suelto, que caerá… Así desbarataré la pared que vosotros recubristeis con lodo suelto, y la echaré a tierra” (Ezequiel 13:10-14)

Los portillos en el muro también deben ser cerrados, y debemos esforzarnos en eso, pues sino nos lamentaremos, ya que un vallado aportillado deja la entrada abierta para que entre la serpiente y nos pique  (Eclesiastés 10:8)

MINISTERIO DE CONSOLACIÓN

Un hermoso servicio para la gloria de Dios, es el que hacía  aquel varón llamado José “a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación) (Hechos 4:36) Un hombre de Dios con un corazón desprendido. Bernabé fue quien llevó a Pablo ante los apóstoles  y dio testimonio de él, cuando todos, considerando su vida anterior tenían miedo de juntarse con él, porque dudaban que fuese un verdadero discípulo de Cristo. (Hechos 9:27)  Bernabé fue quien fue enviado a Antioquia cuando los hermanos habían tenido noticias de las conversiones allí, y llegando a aquel lugar, que no era fruto de su servicio, se gozó viendo la gracia de Dios y alentó a todos los nuevos creyentes a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. De él se dice que “era un varón bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe” A quien el Señor bendijo en su ministerio, porque una gran multitud fue agregada al Señor. Él fue quien fue a Tarso a buscar a Pablo para llevarlo a Antioquía, discerniendo que en aquel lugar necesitaban a un maestro, sin sentir celo de compartir su área de trabajo. “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Véase Hechos 12:19-30) La obra del Señor, requiere de hombres como Bernabé. En la obra del Señor se necesita quienes tengan ese servicio de amor, de aliento y consolación. Varones buenos, llenos del Espíritu Santo y de fe,  desprendidos de lo material y su gloria, que sepan tomar las iniciativas santas. Quienes sin ser identificados con un don particular, sepan cómo Bernabé alentar a los hermanos, consolarlos y apacentarlos y  predicar y enseñar la Palabra, sin buscar la exposición ni notoriedad pública. ¡Oremos para que el Señor levante hermanos con este sentir tan útil y necesario!

MINISTERIO DE RESTAURACIÓN

El libro de Nehemías, nos habla de restauración, y allí se ve como Dios emplea, en aquella, su obra, a hombres y mujeres que tengan un corazón dispuesto. Dios es un Dios de restauración. “Él hace nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21.5)  ¡Eso es maravilloso!

Muchos creyentes caen en pecado y no encuentran el camino de vuelta. Es un hermoso servicio poder ocuparse de aquellos que han tropezado para mostrarles cual es el camino de su regreso. “Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:20) Algunos podrán objetar que es el Espíritu Santo el que convence de pecado, y que son las Sagradas Escrituras las que obran para redargüir, lo cual es ciertísimo, pero, a más de eso, el Señor ocupa a los hermanos en esa tarea  haciéndolos copartícipes. Otros también dirán que si media una disciplina, los hermanos deben relegarse y dejar a quien pecó solo, para que sea trabajado en su corazón; lo cual también es verdad, y en un momento, y por un tiempo,  debe ser así, pero, luego tendrá que haber hermanos que a la manera de aquellos sacerdotes de antaño, controlen la situación como el sacerdote controlaba cómo estaba la llaga de lepra,  acercándose a aquel que habitaba solo. La disciplina no tiene por objetivo desvincularse viéndose libre de quien pecó, sino que vas allá, procurando su restauración.

Se necesitan hermanos que se acerquen a aquellos que se encuentran fuera, siendo hijos de Dios. Aquellos que en algún momento se retiraron, o perdieron el privilegio de estar en la comunión para hacerles saber que el Señor “no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lamentaciones 3:31,32)

Se necesitan aquellos que sepan allegarse a tantos hijos de creyentes que han pasado por el lugar de reunión que hoy no se congregan. A tantos conocidos que se ven apagados, siendo que en un tiempo confesaron al Señor Jesús como su Salvador. Se necesita de hermanos (hombres y mujeres) que con el mensaje de la gracia de Dios, tengan un sentir de restauración. A veces,  sucede que viviendo un estado espiritual tan decadente, como el que caracteriza estos postreros días, tratamos de despertarnos, amonestándonos con un mensaje que si lo analizamos, habla solamente de nuestros deberes, pero que  pierde su eficacia por estar  carente de gracia. Por el contrario,  el mensaje divino,  es como el perfume que se quemaba delante del tabernáculo de reunión, donde sus componentes eran todos en igual peso (Éxodo 30:34-38) Debemos hablar, palabras de Cristo, llenas de gracia y de verdad. Con “lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado” (Isaías 50:4)

Quiera el Señor levantar en medio de los suyos, hermanos que tengan este sentir, que sin duda, podemos decir, “hubo también en Cristo Jesús” Y con este sentir, más allá del don específico que pudiesen tener, obren con amor en estas áreas de la obra del Señor.

¡El Señor viene! Hay mucho para trabajar. Hay muchas almas que se están perdiendo y necesitan a Cristo. Muchos creyentes que perdieron el rumbo, y viven apartados y sufriendo lejos de la comunión. Podemos decir que como en tiempos de Nehemías, “es mucho el escombro y las fuerzas de los acarreadores  se ha debilitado” (Nehemías 4:10)  por eso, oramos para que el Señor aliente nuestros corazones y podamos servirle desinteresadamente todo este corto tiempo que resta. ¡El Señor bendiga su palabra!


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